Un fuerte terremoto de magnitud 7,7 sacudió el centro-norte de Myanmar, causando la muerte de más de 1.600 personas y dejando alrededor de 3.400 heridos, según el último informe oficial. El epicentro del sismo se ubicó entre las ciudades de Sagaing y Mandalay, esta última siendo la segunda más grande del país.
Tras el primer movimiento telúrico, una réplica de magnitud 6,7 agravó los daños estructurales, provocando el colapso de numerosos edificios, especialmente en Mandalay. Los residentes, sin acceso a maquinaria pesada, trabajan con gran esfuerzo para rescatar a personas atrapadas bajo los escombros.
En respuesta a la emergencia, la ONU ha destinado 5 millones de dólares para ayuda humanitaria, mientras que naciones como China, Rusia, India y Corea del Sur han enviado equipos de rescate y suministros esenciales. Sin embargo, las labores de socorro se ven dificultadas por la destrucción de carreteras y la interrupción de servicios básicos como electricidad y telecomunicaciones.
El impacto del terremoto también se sintió en países vecinos. En Bangkok, Tailandia, el colapso de tres edificios en construcción dejó al menos nueve fallecidos y más de 100 desaparecidos, lo que ha llevado a las autoridades locales a intensificar las labores de búsqueda y rescate.
Expertos en geología atribuyen el desastre a la falla de Sagaing, una estructura tectónica similar a la de San Andrés en California. Su configuración rectilínea y su extensión habrían contribuido a la magnitud de la catástrofe.
Ante la gravedad de la situación, el gobierno de Myanmar ha declarado el estado de emergencia en seis regiones afectadas y ha solicitado más ayuda internacional. Se teme que el número de víctimas siga en aumento a medida que avanzan las labores de rescate y se logra acceso a zonas previamente incomunicadas.
